sábado, 9 de marzo de 2013

Mis dos maestros

Mis dos maestros (foto de papaija2008)
Hoy tuve dos maestros en un sólo día.

Uno llegó a la clase, sin mirar a nadie a los ojos. Puso su nombre en la pizarra, su email y nos habló de su títulos de la UCR, del INCAE y de su doctorado en Viena. Dijo que estaba interesado en escuchar nuestros nombres y porqué estábamos ahí. Cada vez que uno de mis compañeros decía algo interesante, él exponía cualquier cantidad de temas.

Habló extendidamente de lo importante que es un carro en estos días, por que andar en bus en un atentado. Luego, que cuando uno se casa es necesario sacar un préstamo hipotecario y que luego uno ocupa una tarjeta de crédito por que los hijos se enferman, tienen accidentes y "un montón de otros defectos con los que vienen los chiquitos". Atacó a todos aquellos de "las habladas populistas" y hasta les mentó la madre. Se burló de los profesores de matemática ya que "no son nada más que unos resentidos sociales que se desquitan con los alumnos para alimentar su ego". Habló de otros profesores y describió sus extrañas costumbres que "no le dejan nada bueno a la sociedad". Al final no nos pudimos presentar algunos de nosotros por que ya teníamos que ir a un receso.

Cuando volvimos, entró en materia. Los temas son de mucho interés para mi y el profesor los maneja muy bien. Decía que le interesaba que nosotros aprendiéramos conceptos que nos fueran ser útiles en la vida. Pero yo sentí que el hombre lo que quería era que leyéramos lo que escribió en la antología y que llegáramos a hacer examen. Es más, la clase terminó una hora más temprano de lo que se había planeado. Lo tomé como un alivio aunque no me hace gracia pagar una hora de clase que no me dan.

Me monté en el atentado, digo, el bus de regreso a casa. Como venía de prisa asumí que el bus en el que monté era el de La Periférica. Al rato me di cuenta que no andaba en ningún lado cerca de donde se suponía tenía que estar. El que está familiarizado con mi sentido de orientación sabrá que eso es algo a lo que yo estoy acostumbrado.

Cuando el bus llegó al final de la ruta, le expliqué al chofer y le ofrecí pagar mi pasaje de nuevo para que me llevara de vuelta a San José. El se negó a que le pagara, que con gusto me llevaba de vuelta pero que si lo esperaba 5 minutos. Por supuesto que para mi no había ningún problema. Al rato llegó su esposa y dos hijos con un bollo de pan y un fresco.  Se pusieron a planear a donde iban a comer; una vez que llegaran a San José. En el camino se montó un señor muy mayor, no tenía carné y aunque este le ofreció pagar, el chofer no le aceptó su dinero por que "usted es un ciudadano de oro y no paga". Subió un adulto joven al bus, explicó a los pasajeros que venía saliendo de la cárcel y que vendía unas cajetas. No solo lo dejó hacer la venta, le compró 4 cajetas.

Cuando salí del bus sentí que había aprendido cosas más útiles pagando 250 colones en un bus que varios miles de colones en una Universidad.